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La ciudad inteligente reúne datos de sus habitantes creando soluciones

Crear las ciudades del futuro

La ciudad inteligente depende de la colaboración de sus habitantes

En 2017, Boston estaba en una encrucijada en su enfoque hacia la planificación y el desarrollo de una ciudad inteligente. En los años previos, había implementado una cantidad de iniciativas para optimizar sus operaciones con datos y analíticas, que habían brindado valor significativo. Ahora los funcionarios estaban viendo las posibilidades de que la tecnología creara servicios nuevos y mejorados para sus residentes.

Boston lanzó un desafío para que los tecnólogos, científicos, investigadores, periodistas y activistas de las ciudades inteligentes propusieran ideas que incrementaran el compromiso de sus ciudadanos:

"Nos alegramos si usted tiene una tecnología para que usemos internamente, algo que haga el trabajo de un departamento de la Ciudad más fácil", dice el Boston Smart City Playbook . "Pero más nos alegraría si usted estuviera resolviendo problemas para los ciudadanos".

Globalmente no hay escasez de iniciativas de ciudades inteligentes, pero los resultados hasta el momento han sido decepcionantes. Muy pocas soluciones sostenibles y repetibles han surgido para mejorar la forma en la que las personas interactúan con sus ciudades como espacios físicos o sociales o para rediseñar la vida urbana de una forma fundamental. El baño de realidad y llamado a la acción de Boston quizás fue un buen comienzo para comenzar a redirigir y reactivar sus iniciativas hacia los comerciantes locales que intentaban mantenerse al día con los disruptores digitales; los viajantes urbanos que luchaban con el estacionamiento y el transporte; los residentes de la ciudad preocupados por el desarrollo no controlado, los alquileres rentables y la sustentabilidad; o los ciudadanos promedio preocupados por la seguridad de las calles. Pero aquí y allá, los partidarios de la ciudad inteligente dentro y fuera del gobierno descubrieron que faltaba una pieza clave: la participación de los millones que viven, trabajan y buscan entretenimiento en los espacios urbanos.

Así como los negocios están adoptando un futuro impulsado por la experiencia del cliente, las ciudades deben desarrollar una experiencia urbana colaborativa, con capacidad de respuesta y personalizada con sus electores. “Nuestros ciudadanos exigen que hagamos uso de la última tecnología para su beneficio”, dice Harald Wouters, consultor y antiguo estratega senior de desarrollo urbano de ‘s-Hertogenbosch, pequeña ciudad de los Países Bajos. “Si no nos adaptamos a la nueva ola digital de desarrollos, las autoridades públicas perderán su relevancia por completo”.

Pero las ciudades deben adoptar un enfoque más proactivo para promover este futuro en lugar de esperar, como suelen hacer, que los ciudadanos y los negocios (en particular las empresas de tecnología) lleven a cabo las ideas. Así como los negocios están pasando de brindar productos finales a ofrecer plataformas abiertas –en las que los clientes pueden codesarrollar y usar productos y servicios, acceder a datos relevantes e interactuar directamente entre sí para crear su propio valor– las ciudades necesitarán plataformas para recopilar información (incluyendo datos) de su población y utilizarlos para codiseñar nuevas formas de vivir, trabajar y hacer negocios. Tendrán que dominar el quid pro quo, como están haciendo las empresas con sus clientes, y brindar valor en forma de mayor capacidad de respuesta, experiencias personalizadas, inclusión y conexión con la comunidad.

Las ciudades que no puedan hacer estos cambios se arriesgan no solo a perder la confianza de los ciudadanos sino también a perderse las potenciales ganancias de la transformación urbana.

La ciudad del futuro escucha a las personas (y a los datos)

Una ciudad inteligente percibe y responde a los patrones que crean sus ciudadanos al viajar, trabajar, comprar y buscar entretenimiento. Pero ninguna ciudad inteligente puede lograr esto sin datos en tiempo real sobre su infraestructura, habitantes y actividades. “Las ciudades han prosperado durante los últimos 200 años teniendo acceso a gran infraestructura –vías navegables, transporte, trabajo–”, dice Kirk Talbott, CIO de Metropolitan Atlanta Rapid Transit Authority y antiguo CIO adjunto y director ejecutivo de Smart City, City of Atlanta. “Los próximos 100 años estarán marcados por el acceso a muy buena información. Será uno de los factores clave decisivos del éxito o fracaso en el futuro”.

 
La gente se pregunta por qué, por ejemplo, si Google y Amazon pueden usar los modelos predictivos para sugerir lo que los usuarios quieren escribir o necesitan comprar, el gobierno local no puede arreglar proactivamente un bache. “Las ciudades han crecido sin respetar lo suficiente a sus ciudadanos”, dice Ivan Caballero, CEO de Citibeats, que ayuda a las ciudades a desarrollar compromiso del cliente y plataformas de analíticas y aplicaciones móviles cívicas. “Y ahora esos ciudadanos piden más”.
 
Más, según Caballero y otros partidarios de la ciudad inteligente, significa tener un entorno que los ciudadanos puedan moldear en su beneficio con datos, ya sea que estén contribuyendo activamente con sus opiniones sobre planes para un nuevo desarrollo de vecindario o pasivamente brindando los datos de la ubicación de su vehículo para que la ciudad gestione las señales de tráfico. Una encuesta a más de 6.000 ciudadanos de Australia, Francia, Alemania, Singapur, el Reino Unido y los Estados Unidos concluyó que las personas casi unánimemente quieren la prestación digital de servicios públicos, una mayor personalización y formas más seguras y fáciles de compartir y acceder a datos. Los resultados también indican un entusiasmo sin explotar por contribuir a las iniciativas digitales. Por ejemplo, el 42% sostuvo que utilizarían voluntariamente dispositivos con internet de las cosas (IoT) para compartir sus datos personales y obtener descuentos o mejoras en servicios, y un 45% estaban dispuestos a participar en focus groups o en comités para mejorar un servicio que utilizan.
 
La mayoría de las veces, no obstante, las ciudades no exploraron formas de hacer participar a los ciudadanos en las iniciativas de ciudades inteligentes. “El papel esencial de los ciudadanos en el desarrollo de ciudades inteligentes no está bien estudiado”, escribió un equipo de investigadores en la revista Business & Information Systems Engineering en 2018, y agregó que las ciudades inteligentes no están logrando alcanzar sus objetivos porque no involucran adecuadamente a los ciudadanos o no toman en cuenta el impacto de sus iniciativas sobre los ciudadanos.
Existen, sin embargo, algunos experimentos de ciudades inteligentes que apuntan a validar formas de usar las nuevas tecnologías, tales como la realidad virtual (RV) e inteligencia artificial (IA), así como una variedad de nuevas fuentes de datos para comprometer la participación de los ciudadanos:
  • En los Países Bajos, una nueva ley exige que los ciudadanos participen en el desarrollo urbano desde las primeras etapas. El sitio web del gobierno neerlandés explica un concepto que llama “do-ocracy”, que asume que los ciudadanos rechazan las “soluciones estándares para todo” y quieren comprometerse con las “autoridades que piensan junto con ellos”. En ‘s-Hertogenbosch, el equipo de Wouters experimentó con realidad mixta. “Si estamos desarrollando molinos o un nuevo rascacielos, estamos explorando formas en que los residentes puedan ver cómo lucirá o se sentirá de manera que podamos comprender mejor sus necesidades y preocupaciones”, explica. “Pueden caminar virtualmente por el barrio o andar en bicicleta por un nuevo desarrollo para experimentar los cambios”, y la ciudad recopila feedback a partir de encuestas o reuniones presenciales.
  • Citibeats ha estado trabajando con municipalidades de todo el mundo para comprender mejor lo que quieren los ciudadanos y comprometerlos más directamente en las soluciones. Su plataforma usa IA para analizar texto de múltiples fuentes, incluyendo redes sociales, transcripciones de líneas de ayuda o audiencias públicas, y chatbots, para descubrir, categorizar y sintetizar las principales preocupaciones de los residentes. En 2017, la plataforma Citibeats identificó la movilidad como un importante problema en Barcelona, España, lo que llevó a la organización a desarrollar una app móvil que las personas pueden descargar para participar en la solución. La app permite a los usuarios saber si hay embotellamientos en el camino elegido, los dirige hacia el mejor transporte público en lugar del taxi y los premia con puntos –que pueden canjear en negocios locales– según cuánto contribuyan a aliviar el problema (cuanto mayor sea el embotellamiento, más puntos puede obtener la gente por usar transporte público).
  • En Nueva Zelanda, las municipalidades de Christchurch, Auckland y Wellington han compartido datos e investigaciones entre sí, así como con empresas asociadas de todo el mundo, para probar e implementar una serie de proyectos centrados en el ciudadano. Hasta el momento, Christchurch transformó la forma en la que presta 46 servicios, brindando a sus 380.000 ciudadanos una serie de opciones, incluyendo apps y sitios web, para interactuar con la ciudad. Auckland instaló sensores para monitorear las condiciones de las aguas recreativas y ofrecer alertas en tiempo real e información sobre la calidad del agua a sus ciudadanos, así como brindar datos en tiempo real sobre transporte público y congestión del tráfico. Wellington, mientras tanto, introdujo una versión en RV de la ciudad capital que permite a las personas interactuar con datos de la ciudad para comprender los problemas que enfrenta la ciudad y las ideas para su futuro.
  • Medellín, Colombia, puede estar por detrás de algunos de sus pares latinoamericanos en la cantidad de proyectos de ciudad inteligente, pero lidera la adopción de ellas, según un informe de junio de 2018 del McKinsey Global Institute. Medellín Ciudad Inteligente trabaja con el gobierno, universidades locales y organizaciones sociales para promover los datos abiertos y la gobernanza transparente, la participación ciudadana y la innovación y colaboración entre individuos y comunidades. La ciudad se centró en la regeneración urbana de abajo hacia arriba, usando crowdsourcing para comprometer a los ciudadanos desde los barrios más vulnerables de la ciudad en proyectos transformadores, tales como un tranvía, escaleras eléctricas y escuelas y bibliotecas con tecnología. El portal MiMedellin de la ciudad ofrece una forma para que los ciudadanos den feedback y voten por soluciones a muchos problemas, incluyendo la calidad del aire y el tránsito masivo.
 
Seúl, Corea del Sur, está entre las ciudades grandes más avanzadas en el uso de tecnología para involucrar a los ciudadanos en el establecimiento de prioridades municipales. La capital surcoreana ofrece la app para smartphones mVoting, que permite a los usuarios revisar propuestas de políticas locales (que se pueden buscar por ubicación geográfica o popularidad), tales como mejoras a bibliotecas públicas, nuevos recorridos de autobuses, políticas contra el consumo de tabaco, o programas escolares; sugerir sus propias propuestas; y votar por las que les gustaría ver aprobadas. Si bien no es un proceso de votación oficial, esta iniciativa ayuda a dar forma a las decisiones de los funcionarios. Unos cientos de propuestas ya han sido implementadas.
 
Según la vicepresidenta de Investigación de Gartner Bettina Tratz-Ryan, Seúl está emergiendo como un modelo para otras ciudades inteligentes con su enfoque impulsado por la comunidad de abajo hacia arriba, que involucra a los residentes en el diseño y desarrollo de la experiencia urbana en lugar de ser una iniciativa de arriba hacia abajo impulsada por tecnología o infraestructura. No obstante, en la mayoría de los lugares, "los ciudadanos suelen ser considerados usuarios, probadores o consumidores en lugar de productores y fuentes de creatividad e innovación”, según una investigación de Ignasi Capdevila de la Escuela de Negocios de París y Matias I. Zarlenga de la Universidad de Barcelona publicada en el  Journal of Strategy and Management.
 
Una razón: la primera ola de innovación digital urbana en general ha sido liderada por la industria privada con sus propios objetivos de rentabilidad. Las grandes empresas de tecnología, startups e investigadores han reclamado imponer su pretensión en el mercado de la ciudad inteligente. Mientras tanto, las ciudades han hecho un trabajo pobre en la organización de dichas iniciativas para su propio beneficio o en la creación de estrategias claras sobre el futuro que desean construir.
 
Más aún, los proyectos aislados que predominaron solo resolvieron problemas aislados en lugar de reimaginar cómo las ciudades pueden desarrollarse de una manera diferente.
 
Mientras tanto, algunas iniciativas de ciudad inteligente han creado una reacción negativa en medio de preocupaciones de que no han tenido en cuenta las preocupaciones de los ciudadanos sobre la privacidad y el uso de sus datos. Por ejemplo, los cuestionamientos sobre los datos personales dieron lugar a una campaña en-línea por los residentes de Toronto para detener el desarrollo de Quayside, una propiedad del paseo marítimo sujeta a un contrato con Sidewalk Labs, unidad de Alphabet, empresa matriz de Google.
 
Preocupaciones similares llevaron a algunas municipalidades a definir los derechos digitales de los ciudadanos. En junio de 2018, la vicealcaldesa de Ámsterdam, Touria Meliani, comenzó a encabezar el desarrollo de un marco regulatorio de las ciudades inteligentes que describe los valores y las normas, tales como el uso de sensores y datos en espacios públicos urbanos, que la ciudad espera incorporar a su infraestructura digital. Estos principios cubrirán la recopilación, disponibilidad y privacidad de los datos, así como la prohibición del seguimiento por WiFi. Se basan en un manifiesto, desarrollado por el Consejo Económico de Ámsterdam en colaboración con ciudadanos locales, que exige transparencia, responsabilidad y ética en la recopilación y el uso de datos en ciudades inteligentes. Ámsterdam también está siendo pionera en otras soluciones que responsabilizan a la ciudad y a los prestadores de tecnología por el uso de los datos, tales como auditorías neutrales para asegurar que los algoritmos de machine learning no estén orientados a beneficiar áreas o problemas privilegiados.
 
Los ciudadanos suelen ser considerados usuarios, probadores o consumidores en lugar de productores y fuentes de creatividad e innovación.
Ignasi Capdevila, Escuela de Negocios de París, y Matias I. Zarlenga, Universidad de Barcelona, Journal of Strategy and Management

La ciudad como plataforma

Proyectos discretos diseñados para comprender mejor las necesidades de los ciudadanos y comprometerlos en las soluciones son un comienzo. En última instancia, sin embargo, las ciudades necesitarán pensar más allá y brindar plataformas que permitan a los ciudadanos participar en la creación de su experiencia urbana.

En el sector privado, los negocios están creando plataformas abiertas para sus clientes, que podrían contribuir directamente en el diseño, la producción o la comercialización de productos y servicios –o meramente dar su consentimiento para permitir a las empresas que usen sus datos para formular y brindar productos y servicios para ellos–. Un modelo de negocio de plataforma crea valor dando soporte a intercambios entre dos o más grupos, típicamente productores y consumidores. La plataforma brinda una estructura, normas y protocolos que posibilitan una red de dichas interacciones a gran escala. En el ámbito de la aptitud física, por ejemplo, las compañías brindan plataformas para que los desarrolladores creen apps que les permitan a los usuarios sentirse conectados a través de datos como récords personales, rutas de participación colectiva y competencias de "rey de la colina". En algunos casos, los clientes pueden unirse para actuar por su cuenta, organizándose en tribus digitales para brindar soluciones.

En el caso de una ciudad, los promotores visualizan ecosistemas en los que los ciudadanos, negocios, investigadores de universidades y otros puedan innovar en conjunto para resolver problemas urbanos. TM Forum, asociación de empresas de telecomunicaciones, describe el concepto en su Manifiesto de la Ciudad como Plataforma como “un marco colaborativo compartido entre los residentes, el sector público y privado para impulsar el resultado deseado de sustentabilidad, inclusión e innovación dirigida que beneficien a las ciudades y sus residentes”. Al adaptar los principios de las plataformas comerciales al entorno urbano, las ciudades pueden convertirse en hubs de innovación, generando ideas para gestionar los desafíos de la vida urbana y mejorando su calidad.

Tampere, Finlandia, por ejemplo, está desarrollando plataformas en torno a temas seleccionados (actualmente, salud y bienestar, servicio al cliente, seguridad y movilidad inteligente) para crear una base para que las empresas, universidades y otros puedan experimentar con soluciones digitales para la ciudad y sus residentes. Las plataformas emplean varios enfoques de creación conjunta comunes en el sector privado, incluyendo el desarrollo y la gestión de proyectos ágiles, hackatones y un enfoque de innovación abierta que han permitido a las empresas, investigadores de universidades y dirigentes de ciudades definir en conjunto un modelo de IoT para el futuro (ver “Chicago streets as innovation labs”).

Una plataforma ofrece un modelo en 3D digital de Tampere, basado en datos abiertos, al que pueden acceder libremente los negocios y residentes y usarlo para mostrar ideas para el desarrollo de la ciudad, tales como su nueva vía de tranvía o el plan de un distrito alrededor del lago llamado Hiedanranta. “Cada usuario puede buscar los desarrollos relevantes para su propio barrio o lugar de trabajo”, dice la ciudad. “Esto hace que sea más fácil para los ciudadanos contribuir a la planificación urbana”. Tampere también está creando una plataforma de IoT (desarrollada en su red de iluminación pública) que puede integrarse con otros sensores o apps, facilitando que las empresas e investigadores prueben nuevos proyectos o productos.

 

Las calles de Chicago son laboratorios de innovación

El enfoque de la ciudad como plataforma puede usarse para seguir cualquier cantidad de problemas urbanos de una forma más centrada en el ciudadano. “No hay muchos lugares buenos a los que se pueda ir para probar una idea nueva y potencialmente alocada que se quiera incorporar en la infraestructura de la ciudad”, dice Charlie Catlett, científico informático senior del Laboratorio Nacional Argonne del Departamento de Energía de los EE.UU. y miembro senior del Instituto Mansueto para la Innovación Urbana de la Universidad de Chicago “A medida que interactuábamos con la ciudad respecto de los desafíos que enfrentan, se hizo claro que una funcionalidad de medición programable y flexible sería crucial”.

Ingrese a Array of Things (AoT) de Chicago. Algunos han llamado al proyecto, que lidera Catlett, un seguidor de actividad física para la ciudad. Hay sensores que recopilan datos sobre la luz, el aire, la temperatura de las superficies, vibración, presión barométrica, intensidad de los sonidos y –usando IA implementada con sensores– tráfico peatonal y vehicular. La red se visualiza no solo como una herramienta para mejorar cómo la ciudad persigue sus metas de planificación urbana y sustentabilidad sino también la calidad de la vida cotidiana para los residentes y las comunidades.

“Dentro de cinco años, si tenemos éxito, estos datos y las aplicaciones y herramientas que surgirán a partir de ellos estarán incorporados a la vida de los residentes y a la forma en la que la ciudad desarrolla nuevos servicios y políticas”, dijo la antigua CIO de Chicago Brenna Berman cuando se lanzaron los primeros nodos (como se llama a las unidades de sensores) en 2016. “Se verá como un servicio público, de la misma forma en la que vemos nuestras luces de la vía pública y en la que vemos nuestros autobuses. Están allí para nosotros y nos ayudan a movernos por la ciudad con más facilidad”.

El equipo detrás de AoT muestra el potencial de la colaboración amplia. Investigadores asociados con el Laboratorio Nacional Argonne y la Universidad de Chicago están desarrollando la Plataforma Waggle (nombrada así por el baile que hacen las abejas para comunicar la ubicación de las fuentes de alimento a los miembros de sus colmenas) con aliados de docenas de universidades de todo el mundo. También están recibiendo soporte de importantes actores de la industria, como Microsoft, Cisco, Intel, Schneider Electric y Motorola Solutions. El Departamento de Transporte de Chicago está a cargo de instalar nodos en los postes de luz de toda la ciudad y gestionar el portal de datos, lo que hará que los datos de AoT estén disponibles para el público. El Departamento de Innovación y Tecnología gestiona un portal de datos que integra los datos de AoT con otros datos de Chicago para su uso por el público.

Algunos de los primeros nodos se instalaron en el barrio de Pilsen de Chicago, donde el asma es más prevalente y una clínica de salud local está ávida de más datos. Las empresas privadas y organizaciones sin fines de lucro planean usar los datos para desarrollar aplicaciones innovadoras, tales como una app móvil que posibilita a los residentes hacer un seguimiento de su exposición a ciertos contaminantes del aire o circular por la ciudad evitando los barrios con congestión y ruidos excesivos o por rutas con mayor cantidad de espacios verdes. En 2018, el proyecto lanzó una API para el acceso a datos, junto con tutoriales y documentación, lo que permitió a los desarrolladores empezar a usar datos casi en tiempo real recopilados por AoT en sus aplicaciones. La ciudad planea integrar los datos con otros conjuntos de datos públicos y hacer la interfaz más usable y accesible para diferentes públicos, desde científicos y desarrolladores de apps hasta el público en general.

Hoy hay más de 100 nodos de AoT instalados, con el plan de llevar el total a 200 para fines del verano de 2019. Los líderes del proyecto realizaron reuniones y talleres para relacionarse con los residentes e identificar las prioridades de la comunidad, que varían de barrio a barrio. Los residentes y grupos comunitarios también pueden solicitar que se instalen nodos en un lugar específico a través del sitio web.

Cuatro pasos hacia adelante

Las plataformas de ciudades inteligentes son un medio, no un fin. Representan un cambio fundamental en cómo las ciudades podrían resolver las necesidades más imperiosas de sus ciudadanos reuniéndolos –y a las empresas e investigadores que podrían abordar sus necesidades– a través del intercambio de datos e información.

Una plataforma interoperable, totalmente conectada, totalmente generadora de compromiso tardará años en evolucionar, y las ciudades necesitarán adoptar un enfoque iterativo. “En nuestro caso, comenzamos de abajo hacia arriba ejecutando casos de uso en la ciudad”, dice Wouters. Existe una serie de acciones que los líderes de las ciudades pueden realizar ahora para avanzar de manera más inteligente hacia este futuro con habilitación de plataformas y centrado en el ciudadano:

  • Comience con problemas, no soluciones. “Descubra qué problema quiere resolver o qué información desearía conocer”, aconseja Talbott. Ninguna ciudad es igual a otra. En Barcelona, por ejemplo, la movilidad, el consumo de agua y la educación están entre las principales prioridades. Tres horas hacia el oeste por tren, en Madrid, los ciudadanos se centran en problemas relacionados con el calentamiento global, dice Caballero.
  • Reúna los datos existentes. Una vez que haya priorizado los problemas que necesita resolver, busque datos relevantes que la ciudad ya tenga. “Las ciudades tienen petabytes de datos que se están recopilando de forma regular.,” says Talbott. Puede combinar y analizar la información existente y comenzar a generar nuevas soluciones.
  • Cree coaliciones con la industria privada y las universidades. Seguirá habiendo un enorme interés comercial en monetizar las soluciones para ciudades futuras. Para proteger la calidad de vida y los intereses de sus residentes, los líderes de las ciudades necesitarán ser proactivos respecto del establecimiento de alianzas que den soporte a soluciones centradas en los ciudadanos.
  • Defina los principios o derechos digitales. La tecnología está avanzando rápidamente, y las leyes actuales sobre privacidad y uso de datos no se mantienen al día universalmente con las preocupaciones de los ciudadanos. Las ciudades necesitarán definir un conjunto de principios y dejar en claro el quid pro quo que ofrecen a los ciudadanos por su contribución digital a la vida, planificación y resolución de problemas urbanos. En noviembre de 2018, la ciudad de Nueva York, Ámsterdam y Barcelona lanzaron en conjunto la Coalición de Ciudades para los Derechos Digitales a fin de crear políticas, herramientas y recursos que promuevan y protejan los datos personales.
“Los líderes deben concentrar a los pensadores en la resolución de estos problemas –las universidades, los think tanks– y reconocer que debemos hacer un poco de experimentación para desentrañar cómo debería verse el futuro”, dice Talbott. “Las ciudades no pueden simplemente relajarse y ser reacias al riesgo. En efecto, eso es casi garantía de que no resultará”.

Hacia un futuro más inteligente

Para 2050, el 68% de la población mundial vivirá en ciudades, según proyecciones de 2018 provistas por las Naciones Unidas. Los desafíos al desarrollo económico, la inclusión social, la seguridad, sustentabilidad, infraestructura, movilidad, vivienda y calidad de vida continuarán acumulándose a medida que crezcan las áreas urbanas. Las ciudades deben hacerse realmente inteligentes para abordarlos, o dejarán de crecer económicamente. Y cuando las ciudades no crecen, las personas se van y las ciudades decaen.

Como dice la influyente periodista y promotora de la planificación urbana Jane Jacobs: “Las ciudades tienen la capacidad de brindar algo a todos, solo porque, y solo cuando, están creadas por todos”. Los primeros esfuerzos de las ciudades inteligentes han abierto los ojos de los ciudadanos y funcionarios de la ciudad sobre cómo ello podría ser posible en la era digital.

Nuevas capacidades tales como la IA, analíticas de Big Data y tecnologías de IoT emergieron con la promesa de ayudar a las municipalidades a resolver muchos de sus principales problemas. Esas mismas tecnologías también pueden usarse para empoderar a los residentes para que participen en la dinámica de las operaciones y toma de decisiones de la ciudad. El futuro pertenecerá a las ciudades que pongan a su ciudadanía en el centro de este nuevo mundo urbano.

Acerca de los autores

Michael Rieder
se desempeña como Marketing Director y Lead Analyst en el centro de investigación de SAP Insights.

Stephanie Overby
es una escritora y editora independiente, enfocada en la intersección de los negocios y la tecnología.

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