Doble clic a los costos silenciosos de la inteligencia artificial
La inteligencia artificial aporta claros beneficios, pero también costos ocultos relacionados con la calidad de los datos, los sesgos, la privacidad y la gobernanza fragmentada.
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¿Qué ocurre si el mayor costo de la IA no se refleja en sus informes de retorno de la inversión (ROI)?
A quienes trabajamos en la industria tecnológica nos encanta hablar, debatir, diseccionar los beneficios visibles de la Inteligencia Artificial: su eficiencia operativa, la automatización, la escalabilidad, las nuevas capacidades analíticas. Todas estas cuestiones son correctas.
Pero no es el caso de este artículo: quiero focalizar en los costos invisibles de la IA. Costos que, quizás, no se ven, pero sí se miden. Me refiero a los sesgos, los riesgos de privacidad, las tensiones regulatorias y las fallas de gobernanza de datos. También sobre qué ocurre cuando la IA entra en las organizaciones antes que su criterio para usarla.
Cuando el presupuesto llega antes que el sentido
En muchas organizaciones, la Inteligencia Artificial empezó a ocupar un lugar en los presupuestos antes de ocupar un lugar en la estrategia. Se aprueban pilotos, pruebas de concepto y experimentos aislados que prometen innovación, pero que no siempre responden a una pregunta clara ni a una visión de datos sostenible.
El problema es que este tipo de iniciativas rara vez fracasa de manera evidente. No colapsan. No generan titulares negativos. Se construye desde el silencio una complejidad innecesaria, costos que se diluyen en distintas áreas y decisiones cada vez más difíciles de explicar. Según IBM, los proyectos de IA que no están integrados a una arquitectura de datos clara tienden a generar costos operativos acumulativos, especialmente en seguridad, retrabajo y cumplimiento, que no suelen imputarse a un solo presupuesto sino dispersarse entre áreas. Una IA que en vez de distribuir la información, la vuelve más opaca.
Inteligencia Artificial en contexto
La IA no opera en el vacío. Depende de los datos, pero también transforma la manera en que esos datos se producen, se organizan y se gobiernan.
En América Latina, este ciclo está condicionado por un ecosistema empresarial diverso: grandes corporaciones, pymes que sostienen buena parte del empleo regional, startups en expansión y cadenas de valor fragmentadas que dependen de infraestructuras públicas, marcos regulatorios cambiantes y datos de múltiples fuentes. Por eso, la calidad, representatividad y gobernanza de los datos dejan de ser un tema técnico para convertirse en una cuestión estratégica.
Sesgos: cuando los datos reproducen desigualdades
Uno de los costos invisibles más relevantes de la IA es el sesgo. No porque la tecnología “decida discriminar”, sino porque aprende de datos que ya contienen asimetrías. En regiones con desigualdades estructurales, economías informales y fuertes contrastes territoriales, el riesgo de entrenar modelos con datos incompletos o no representativos es alto.
El reporte de IBM mencionado anteriormente advierte que la mayoría de los incidentes asociados a IA no se originan en el modelo, sino en la calidad, el origen y la gobernanza de los datos. Como se señala en distintos análisis sobre sesgos algorítmicos, es un problema de selección, clasificación y representación de los datos. Es decir, decisiones cuya influencia de contextos sociales y territoriales es enorme.
La diversidad regional, sin embargo, también puede ser una ventaja. Cuando se la incorpora conscientemente al diseño de datos y modelos, permite construir soluciones más robustas, adaptables y alineadas con realidades locales.
Privacidad: más allá del cumplimiento formal
La privacidad suele abordarse como una obligación legal. Pero en proyectos de IA, es también un costo operativo si no se gestiona de forma adecuada. Cuantos más datos se integran, cruzan y reutilizan, mayor es la exposición a riesgos de uso indebido, filtraciones o interpretaciones fuera de contexto.
Según el IBM Cost of a Data Breach Report, el costo promedio de una brecha de datos en América Latina es de USD 2,51 millones. Cuando la brecha involucra entornos con IA mal gobernada o datos no clasificados, ese costo aumenta de forma significativa, tanto por sanciones como por tiempos de remediación más largos.
En América Latina conviven distintos niveles de madurez regulatoria y de capacidades institucionales. Esto exige a las empresas un enfoque proactivo en donde ya no alcanza con cumplir la norma mínima en cada país. Es necesario diseñar arquitecturas de datos que incorporen privacidad por diseño, con reglas claras de acceso, trazabilidad y uso.
La IA, paradójicamente, puede ayudar a mejorar estas prácticas, automatizando controles, auditorías y monitoreo. Pero solo si la gobernanza de datos está definida desde el inicio. De lo contrario, la tecnología acelera problemas que ya existían. Cada nuevo uso del dato exige reinterpretaciones, controles manuales o restricciones adicionales.
Aquí es donde la diferencia entre experimentar y construir infraestructura se vuelve evidente. En compañías como Hypera, por ejemplo, la implementación de SAP BTP permitió integrar procesos y datos bajo un mismo marco de gobernanza antes de escalar capacidades de automatización e inteligencia. El foco estuvo en reducir fricción operativa, retrabajo y exposición regulatoria desde el diseño, incorporando la IA sobre una base ordenada y trazable. Un aprendizaje organizacional que convierte costos silenciosos en eficiencia estructural.
Cumplimiento: el riesgo de la fragmentación
El cumplimiento normativo es otro costo invisible que suele subestimarse. No porque falten regulaciones, sino porque están fragmentadas. Reglas fiscales, laborales, de protección de datos y de uso de algoritmos conviven y a veces se contradicen entre países, sectores y niveles de gobierno.
Organismos como la OECD advierten que, en entornos regulatorios fragmentados, la falta de criterios comunes de gobernanza de datos convierte a la IA en un riesgo sistémico: decisiones difíciles de auditar, explicar y sostener en el tiempo.
Para organizaciones que operan en América Latina, esta fragmentación se traduce en complejidad. Sin datos interoperables, sin criterios comunes de clasificación y sin una visión integral del ciclo de vida del dato, la IA puede generar decisiones difíciles de explicar o justificar ante reguladores y auditores.
Aquí, nuevamente, el enfoque de infraestructura es clave. Los datos no son un subproducto de la operación: son una base estratégica que debe ser gestionada con el mismo rigor que cualquier otro activo crítico.
Mitigar costos no es frenar la IA
Reducir estos costos no implica ir más lento, sino decidir mejor. En la práctica, las organizaciones que logran capturar valor de la IA suelen compartir algunos criterios básicos:
- Empezar por una pregunta de negocio clara, no por la tecnología.
- Tratar los datos como infraestructura estratégica, no como insumo circunstancial.
- Crear un modelo centralizado de gobernanza de datos con una propiedad claramente definida para cada conjunto de datos.
- Definir desde el inicio quién es responsable por los resultados, los datos y los riesgos.
- Evaluar el impacto presupuestario total, no solo el costo inicial del proyecto.
Estudios recientes muestran que las organizaciones que integran automatización y gobernanza desde el inicio reducen de forma significativa los tiempos de detección y respuesta ante incidentes, demostrando que gobernar mejor no ralentiza la IA, sino que la vuelve operable y sostenible.
Una nueva mirada
América Latina tiene una oportunidad real de usar la Inteligencia Artificial para mejorar productividad, servicios y toma de decisiones. Pero esa oportunidad no se materializa acumulando experimentos, sino construyendo dirección. La inteligencia artificial sin norte no suele fracasar de manera espectacular. Simplemente se vuelve difícil de sostener. Hacer visibles esos costos es el primer paso para transformar la IA en una herramienta con sentido, impacto y proyección real en la región.
El verdadero riesgo no reside en que la IA falle, sino en que las organizaciones normalicen sus costos ocultos hasta que resulte imposible revertirlos.
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