El rol del CIO en la era de la IA: Más allá de un responsable tecnológico
¿Qué implica hoy ser un CIO? El rol del Chief Information Officer –como tantos otros roles, sino todos– está en plena transformación. Una figura que antes se asociaba a funciones más técnicas, hoy se desarrolla como estratega de negocio, arquitecto de datos e impulsor de la cultura organizacional.
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Del legado al futuro: ordenar para habilitar innovación
En muchas empresas latinoamericanas, el entusiasmo por “hacer algo con la Inteligencia Artificial” convive con una base tecnológica fragmentada. Es decir, sistemas heredados, integraciones incompletas, datos dispersos y equipos que operan con distintos niveles de madurez digital.
Esta situación no es una percepción aislada: según un informe de Gartner, menos de la mitad de las organizaciones cuentan con procesos de gestión de datos suficientemente maduros antes de iniciar proyectos de IA, lo que incrementa el riesgo de inversiones.
El desafío principal, entonces, no sería la implementación de la IA, sino preparar las condiciones para que esta tenga sentido. En América Latina, donde sistemas históricos coexisten con plataformas modernas, esta preparación exige ordenar el legado. En línea con el enfoque de Clean Core, se trata de mantener un núcleo de sistema estable y estandarizado, en donde se evitan modificaciones directas y se trasladan las personalizaciones y extensiones a capas externas.
Y para eso es necesario: definir modelos, limpiar y consolidar fuentes, modernizar arquitecturas y establecer procesos de gobernanza que reduzcan inconsistencias.
Es aquí donde el rol del CIO cobra protagonismo, evolucionando desde una función eminentemente técnica hacia una visión estratégica que transforma los datos en una infraestructura confiable, escalable y orientada al negocio.
Una rueda de retroalimentación
La innovación puede plantearse como un ciclo vital en donde los datos habilitan la IA, la IA transforma los datos y con ello los procesos o modelos de decisión. Esa transformación bien gestionada potencia la competitividad, mejora servicios y genera valor real.
Dentro de ese ciclo, el CIO se convierte en el orquestador que debe impulsar una estrategia de datospara actuar como puente entre lo técnico y lo estratégico. Un plan integral para guiar cómo se recopilan, gestionan, almacenan y analizan los datos los datos para respaldar los objetivos de cada negocio. Para esto, quien ocupe ese rol debe lograr traducir las posibilidades de IA en decisiones, alinear inversiones con metas comerciales, definir prioridades y aplacar riesgos.
El valor del CIO en la era de la IA radica, justamente, en la capacidad de conectar decisiones, datos, procesos, cultura y estrategia.
Riesgos y desafíos: de la promesa a la realidad
La realidad latinoamericana exige un enfoque propio. La región combina grandes corporaciones con pymes que sostienen el empleo, economías informales, diversidad cultural y territorial, y estructuras legales muy específicas. Desde las cadenas de suministro extendidas hasta las diferencias en regulación, desde la informalidad laboral hasta la diversidad cultural, cada país presenta condiciones particulares que afectan la madurez digital.
Los CIOs deben reconstruir su función alrededor de modelos colaborativos que unan gobernanza, estrategia y resultados, garantizando que los datos sean consistentes, interoperables y utilizables por los modelos de IA que escalan dentro del negocio. En este marco, la IA deja de ser una herramienta de TI y se convierte en un activo transversal que reorganiza responsabilidades, procesos y expectativas dentro de la organización.
Sucede que, en la práctica, este rol tiene que ver con crear las condiciones necesarias para que cada área pueda evolucionar hacia modelos más inteligentes, medibles y orientados a los datos. La noción de "entregar tecnología" quedó atrás hace mucho tiempo.
El nuevo rol
Para que la transformación suceda, es vital que la figura del CIO opere en conjunto. Su trabajo es redefinir las responsabilidades de otros roles clave dentro del ciclo de innovación: un articulador estratégico que puede redefinir cómo operan CFOs, COOs, y CEOs frente a la adopción de IA, automatización e integración de datos.
Impulsar este tipo de prácticas homologadas son esenciales para consolidar información dispersa y generar una visión compartida y confiable que soporte tanto la analítica avanzada como las nuevas capacidades tecnológicas.
Además, la información fragmentada suele ser un desafío recurrente para los CFOs y equipo: les impide obtener una visión única del negocio. Es esencial poder proyectar escenarios futuros y tomar decisiones basadas en datos confiables. Para esto, incorporar modelos de gobernanza de datos habilitan análisis consistentes entre áreas comerciales, financieras y operativas. Este fue el caso de Natura en Brasil, en donde se estableció un modelo integral desde el diseño del flujo de datos para asegurar la coherencia entre cada área.
Por otro lado, es clave para los CIO evitar caer en la tentación de “colocar” la IA sin revisar procesos, especialmente en Latinoamérica donde las cadenas de suministro pueden ser complejas y geográficamente extensas. Automatizar procesos operativos de punta a punta y lograr una visualización del flujo completa es condición necesaria para los COOs que buscan mapear procesos críticos con equipos multidisciplinarios.
No hay que perder de vista que la adopción de Inteligencia Artificial depende tanto del talento como de la tecnología. Esta co-creación es impacto directo del CIO, en donde se desarrollan casos de uso alineados con necesidades reales que reducen tiempo de adopción y aumentan la confiabilidad del sistema. En ese sentido, los roles híbridos que conectan la operación con la tecnología son aceleradores directos de la adopción de nuevas herramientas.
Alinear expectativas también es un factor a tener en cuenta por los CIOs, ya que la incorporación de nuevas tecnologías puede generar tensiones, especialmente en organizaciones con estructuras mixtas entre lo analógico y digital. Sin indicadores compartidos –como tiempos de procesamiento, reducción de errores o mejoras en satisfacción– los avances pueden llegar a ser interpretados de formas distintas, como le sucedía, por ejemplo, a la empresa brasileña São Salvador Alimentos. Se requiere establecer un marco común de medición que permita comunicar valor con indicadores que lean de forma transversal a la compañía.
Un enfoque hacia el futuro
La inteligencia artificial dejó de ser una promesa y América Latina ya demostró estar a la altura. Los resultados globales lo confirman: según el último reporte financiero de SAP, SAP Business AI ya estuvo presente en dos tercios de los pedidos cloud del cuarto trimestre, junto con una adopción sostenida de IA en toda la suite ERP. La conversación de cara al futuro es cómo se integra a las empresas para lograr generar un verdadero valor.
En nuestra región, ese desafío tiene una particularidad al convivir con estructuras heredadas y dinámicas emergentes. Y es justo ahí donde reside la oportunidad, ya que no hay una atadura a modelos rígidos. Podemos decidir cómo construir junto a la IA.
El paso que sigue es más exigente: escalar con coherencia, sostener la gobernanza y convertir la IA en una ventaja estructural, no coyuntural. Es ahora el momento de asumir el protagonismo y llevar esa ambición a cada organización. En ese sentido, la función del CIO es garantizar que esa inversión se traduzca en estrategia, que esa estrategia se aplique en cada área y que cada área haga de la tecnología, su cultura.
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