Adquirir tecnología no es una utopía
Proyectos tales como comprar una nueva planta, ampliar las oficinas, sacar un nuevo producto al mercado o exportar requieren de capital financiero para que el sueño de crecer se haga realidad. El desafío es contar con el capital suficiente para afrontar los gastos de una iniciativa que puede llegar a ser muy rentable pero que requiere de una inversión inicial. Algo similar ocurre cuando el desafío consiste en adquirir o renovar tecnología.
Muchos empresarios saben que la opción de pedir prestado capital a un tercero es costosa pero muchas veces necesaria. Endeudarse, en la mayoría de los casos, no es una decisión fácil de tomar, pero lo más difícil en realidad es poder acceder a créditos a través del sistema financiero. Y aunque los bancos tienen una larga lista de ofertas para las PyMEs, cuando el gerente va a pedir un crédito la situación se complica, bien sea porque los estados financieros no son los más positivos o porque el banco considera que la garantía no es suficiente para conceder el préstamo.
En el caso de Argentina, El Programa de Atención PyME ha desarrollado una modalidad de asistencia financiera al empresario PyMe.
Sin embargo, existen otras alternativas que son más convenientes para las empresas con escasos recursos: Los llamados Angel Investor y los Fondos de Capital de Riesgo. Las empresas más prometedoras son apoyadas por este tipo de agentes que aportan hasta el 50% del patrimonio y permanecen como socios hasta un plazo máximo de 10 años. Durante ese periodo apoyan la adopción de tecnologías, la excelencia en el manejo gerencial y la entrega de información transparente a los mercados. Como consecuencia, las empresas se valorizan y pueden balancear positivamente la posibilidad de obtener elevadas tasas de ganancia o el riesgo de perder el capital invertido.
Opciones de Financiación
En vista de los escasos resultados de algunos mecanismos para adquirir capital, los fabricantes de tecnología optaron por generar alternativas para que sus clientes puedan acceder a financiación para adquirir hardware, software o servicios tecnológicos que le generen valor al negocio.
La tendencia es que las compañías paguen su inversión tecnológica de acuerdo con su estado financiero, de manera que la compra sea armoniosa con los resultados que obtendrán de estos proyectos y sin castigo a sus finanzas. Por lo general, los beneficios en este tipo de proyectos no son percibidos en los primeros años, por eso es importante que las empresas aprendan también a calcular el TCO (Costo Total de Propiedad) y el ROI (Retorno de la Inversión).
Otra de las alternativas con las que pueden contar las PyMEs en América Latina es la que ofrece SAP Financing, un servicio a través del cual se obtiene financiación para la adquisición de soluciones TI integradas, mediante pagos mensuales accesibles y previsibles, con bajos costos que permiten flexibilidad financiera para el negocio.
Estas y otras alternativas ayudan a los empresarios PyMEs a replantear su visión sobre la compra de tecnología y modificar su percepción de que el dinero que se usa en tecnología es un gasto, no una inversión. Cuando se hace un primer esfuerzo económico y se ven los resultados, la situación de la empresa empieza a cambiar favorablemente. Es solo cuestión de vencer los resquemores iniciales y enfocarse en el futuro.